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jueves, 17 de agosto de 2017

Müller: “El sistema ferroviario es el resultado de las políticas de los 90”

17 de agosto de 2017.

Por: Matías Alonso.

En una entrevista con TSS, el economista especializado en transporte Alberto Müller analiza la situación de la matriz nacional de transporte. La planificación ferroviaria pasada y actual, el impacto de la tragedia de Once, la comparación tren versus camión en la logística de cargas y los interrogantes sobre la política aerocomercial.


“En general, los trenes de carga pueden usar infraestructura en no tan buenas condiciones porque no sacan mucho beneficio de circular en la velocidad más alta”, dice Müller.



Agencia TSS — La política de transporte del Gobierno plantea cambios y continuidades con respecto a la de la gestión kirchnerista y uno de los sectores más relegados parece ser el ferroviario. Alberto Müller, economista especializado en el área de transporte, integrante del Plan Fénix y director del Centro de Estudios de la Situación y Perspectiva de la Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires, analiza la situación actual del transporte nacional. En una entrevista con TSS, el especialista se refirió al pasado, presente y futuro del sistema ferroviario —sector en el que recientemente se habilitó la clausura de ramales a partir del Decreto 652/2017—, la comparación de costos entre el tren y el camión en la logística de cargas y los interrogantes que plantea la política aerocomercial impulsada desde el Estado.

Se está discutiendo devolver a las provincias los trenes de pasajeros tal como se hizo en la década de los noventa. ¿Que hoy existan el Tecnotren y el tren Alerce marcan una diferencia respecto de lo que pasó antes?

Desde lo técnico son las soluciones adecuadas, en el sentido de que son de escala chica. Pero hay un tema de escala general: cuando se brinda un servicio, se tiene que tener otro vehículo de reserva y todas las instalaciones de mantenimiento, y todo eso cuesta plata. Para servicios chicos, eso significa tener un parque de reserva del 50%, cuando lo normal es el 10%. Hay que aprender a hacer el mantenimiento y tener un poco de background técnico. Esas eran soluciones que podrían tener sentido en una empresa grande que tuviera capacidades, pero como soluciones sueltas son discutibles. No son prestaciones baratas y no van a salir menos que operar un colectivo. Todos los servicios de pasajeros tienen el problema más serio en su infraestructura.

¿Para los trenes de carga la infraestructura no es crítica?

En general, los trenes de carga pueden usar infraestructura en no tan buenas condiciones porque no sacan mucho beneficio de circular a la velocidad más alta. La carga y las maniobras del armado de un tren llevan mucho más tiempo. Si uno piensa en la operatoria de llegar con cargas a Rosario, ir a patio, parar y rearmar el tren para ir a despacharlo a las distintos lugares, demora varios días. El tiempo que tardó en llegar de Buenos Aires a Rosario es quizás un día, así que no tiene sentido apurar mucho más. Lo que sí es cierto es que, si uno toma la tendencia histórica del estado de la infraestructura, cuando no hay remodelación el parque desaparece. Además, el problema más importante es que la infraestructura, en la medida en que uno la mantenga más o menos bien, puede no renovarla, pero una vez que se abandonó es muy difícil.

¿Cómo evalúa la renovación de vías que se hizo en la Argentina en los últimos años?

La Buenos Aires-Mar del Plata, Buenos Aires-Rosario y Belgrano Cargas son soluciones carísimas, de cerca de un millón de dólares el kilómetro. Son rieles y anclajes pesados, con durmientes de hormigón. Son soluciones que no me simpatizan para la Argentina. Incluso hay paradojas en esto, porque el ramal a Tigre de Retiro tiene una vía de la década del sesenta. En hora pico llegó a tener un tren cada ocho minutos, mientras que el Belgrano tiene una vía nueva para diez millones de toneladas por kilómetro, cantidad que nunca se va a transportar. El sistema ferroviario actual es el resultado de todo el desaguisado ferroviario que empezó en los noventa. Cuando se pierde el proyecto del ferrocarril se empieza a emparchar. Y cada uno emparcha como le parece.

¿En la década pasada tampoco hubo planificación ferroviaria?


En general corrieron atrás de los hechos. El Estado tuvo una reticencia muy grande a retomar la administración de los trenes. Cuando se caía un concesionario armaban una unidad de gestión para que la tomara otro. Fue medio a regañadientes y lo que disparó todo fue la tragedia de Once, pero hubo una seguidilla de hechos. El Sarmiento tuvo dos choques por transposición de señales a peligro y un descarrilamiento en Floresta. Pero lo de Once fue una tragedia que no entiendo. La única hipótesis que tengo es que el conductor se durmió, porque tenía tres opciones: podía activar el freno normal, el de emergencia o poner los motores en reversa, pero no hizo ninguna de las tres cosas.

El Gobierno actual está haciendo cambios en transporte. ¿Ve planificación detrás de ellos?

En trenes de carga solo están continuando el plan de inversión que había hecho el Gobierno anterior.  En transporte aéreo es distinto: ahí están con la política de las low cost. Pero no hay planificación, están dejando que la mano invisible del mercado organice. La expectativa es que bajen las tarifas, aunque al tener el control de Aerolíneas Argentinas, si quisieran podrían bajar las tarifas sin problema. Pero cuando uno mira las cifras de oferta de los corredores aéreos, excepto a Rosario y a Mar del Plata, el avión tiene dos tercios de ocupación. Resistencia tiene un poco menos. Y cuando uno ve la ocupación de los ómnibus, no están llenos. La pregunta que uno se hace siempre es: ¿De dónde van a sacar los pasajeros? Porque se supone que si hay demanda y la demanda viaja en ómnibus, al bajar el precio del avión van a ir en avión, pero no es mucho lo que se puede derivar. Cuando uno hace el gráfico de viajes por producto per cápita de América Latina, la Argentina siempre está muy abajo, entonces cuando llegan los consultores de afuera ven eso y dicen que hay un potencial muy grande. Cuando uno compara con Brasil o Chile parece ser así. Santiago-Concepción y Buenos Aires-Córdoba tenían la misma cantidad de vuelos, pero las primeras tienen la mitad de la población de las argentinas. La única cosa de la que uno está seguro es que en este momento de la Argentina hay poca gente que viaja en ómnibus y en avión.

Hay ciudades latinoamericanas que quedan paralizadas en las horas pico. ¿Por qué no pasa en Buenos Aires y cómo se puede evitar que suceda?

Es muy difícil contestar esa pregunta porque las ciudades son todas distintas. A mi me gusta poner el ejemplo de Rosario y Córdoba, que son dos ciudades de distancias de viajes internos más o menos parecidas, ubicadas en zonas similares, pero con transporte público muy distinto. En Rosario más o menos funciona y en Córdoba es imposible. Incluso Rosario podría ser peor que Córdoba, porque de un lado está el río y entonces toda la presión se concentra de un lado. En cuanto a Buenos Aires, una respuesta posible es que tiene una tradición importante de clase media que viaja en transporte público. Además, hay una red ferroviaria metropolitana más que respetable. En 1914, Buenos Aires tenía dos millones de habitantes, y un millón y medio estaban adentro de Capital y había cuatro vías para llegar a Temperley. Hubo una proyección de país grande. Otra cosa que puede haber jugado a favor de Buenos Aires, y esto es una hipótesis, es el patrón vial que tenemos. Es bastante aburrido, pero le da una fluidez a las calles intermedias que no existe en ciudades como San Pablo, por ejemplo. Buenos Aires tiene un 50% de viajes en auto, 40% en transporte público y un 10% en todo lo demás. Para una ciudad de un país desarrollado, 40% en transporte público es un éxito. Viena tiene 36% y es un ejemplo de gestión. Sidney tiene un 5% de viajes en transporte público y tiene unas congestiones monumentales.

Se suele remarcar lo caro que es el transporte de carga en la Argentina por la incidencia del camión. ¿Esto es así?

El argumento estándar es que sale más caro traer la carga de soja de Salta a Rosario que mandarla de Rosario a Singapur y eso parece un horror. Bueno, esas son las cosas de la vida. En condiciones normales, la carga puesta sobre un buque internacional cuesta una décima parte de lo que cuesta en un transporte terrestre. Eso es un dato técnico, no hay mucho que hacer. Lo cierto es que nadie conoce muy bien el costo de los camiones. Hay una tarifa supuestamente regulada por el Ministerio de Transporte, que es de 12 centavos de dólar el kilómetro por tonelada, pero la única tarifa segura que uno puede tener es lo que cobra Ferroexpreso Pampeano. Por dos razones: primero, porque transporta granos y, segundo, porque no transporta su propia carga. Mi regla es que lo que cobra Ferroexpreso Pampeano, que son cinco centavos, debe ser igual a dos tercios de lo que cobra un camión, es decir, ocho centavos, aunque tampoco estoy muy seguro. Si uno mira las tarifas de Estados Unidos, están en seis centavos, y Brasil en cerca de siete, siempre hablando de transporte de granos. Se debe tener en cuenta que el camión recibe un subsidio porque no paga por la infraestructura por la que circula. Entonces, el cálculo es altamente dependiente de los flujos de densidad de carga: no puedo saber cuánto cuesta la infraestructura porque depende de cuántos pasen. Derivar tráfico del camión al ferrocarril sin dudas baja el costo del transporte, pero, en las condiciones actuales, el ferrocarril da lo mismo tenerlo que no tenerlo. Junto con otros especialistas hicimos el cálculo de cuánto sería el tráfico que se podría derivar del camión al ferrocarril y nos dio que podría tener cuatro veces más de lo que tiene ahora, con lo que pasaría del 5 al 20% del total de cargas. Esa transferencia significaría una reducción de costo del 6 al 7% sobre el total. Pero el punto es que el ferrocarril tiene sentido solamente en esa hipótesis, con mucho más tráfico que el que tiene actualmente. La pregunta es si podrá hacerse o no y esta duda está dando vueltas en algunas personas del Gobierno.

http://www.unsam.edu.ar/tss/muller-el-sistema-ferroviario-es-el-resultado-de-las-politicas-de-los-90/

 

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Cuánto pesa la logística en el elevado costo argentino?

18/09/2016.

Por: Diego Dávila.

El gasto de poner camiones en rutas subió 36% y eso se traslada a la cadena. Los transportistas advierten que es acotado el margen para poder ajustar.



Para que el consumidor tenga leche en el almacén de su barrio, hace falta que el noble producto de la vaca pase por tres diferentes transportes: un camión tanque que la lleve del tambo a la industria, otro refrigerado que lleve el saché de la planta al centro distribuidor y finalmente otro repartidor que recorre los negocios.

Para que la soja de Salta se exporte a los mercados asiáticos debe viajar en camión más de 1.100 kilómetros hasta el puerto de Rosario. De ahí, parte un barco que completa su carga en Buenos Aires y en Bahía Blanca (la falta de calado encallaría al navío si se llenara al inicio) y que le lleva 10 días dar la vuelta por el Estrecho de Magallanes y rumbear hacia Asia. Si esa soja saliera de Coquimbo, en Chile, sólo tendría que recorrer poco más de 1.400 kilómetros.

Estos dos casos muestran la importancia que tiene el transporte de carga para la economía, pero también el por qué se ha convertido en el eje de cuanto debate hay sobre el costo argentino y los problemas de competitividad.

La economía local funciona al ritmo de los camiones y sus costos son hoy un nudo difícil de desatar.

Por eso, la Unión Industrial de Córdoba (UIC) y el Centro de Operaciones Logísticas (Ceolog) del Icda, de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), presentaron días atrás su Índice de Costos del Transporte (ICT), un desarrollo en el que vienen trabajando desde hace más de un año.

El indicador es mensual y tiene dos objetivos: seguir la variación de los costos del transporte y recomendar un criterio unificado entre todas las industrias a la hora de definir las tarifas que pagan por el traslado de la carga.

Aumento de costos

El ICT de septiembre fue 36,2 por ciento mayor que en el mismo mes del año pasado. A lo largo del año pasado, el costo del transporte subió entre 14 y 20 por ciento interanual cada mes. Pero a partir de diciembre registró saltos de hasta 41 por ciento (en mayo y junio de este año), luego de lo cual empezó a desacelerarse.

Ahora, la tendencia es que los incrementos sean cada vez menores.

¿A qué se debe este fuerte salto y por qué empieza a desacelerarse ahora? Lejos de lo que muchos creen, no es el salario lo que desató la suba. Fue el dólar el que llevó a las nubes el precio de los camiones y con esto también el valor de las dos patentes que paga el camionero y los seguros; además, el precio del gasoil también le dio un fuerte empuje.

Como el dólar se tranquilizó y el Ministerio de Energía y las compañías petroleras pactaron la estabilización de los precios hasta noviembre, los costos del transporte se estabilizaron y de hecho, el ICT de septiembre comparado con agosto bajó 0,1 por ciento.

Este aumento que se registró en los costos cae en la cadena de formación de los precios de todos los productos, ya que el 83 por ciento del movimiento de carga es para el mercado interno.

Por eso hay que pensar al transporte como un eslabón más de toda la actividad logística, esto es lo que incluye el manejo del stock interno de una empresa, pasando por toda la cadena de abastecimiento hasta llegar a la infraestructura de vías de comunicación.

Según este estudio, la logística representa el 25 por ciento del producto interno bruto (PIB), cuando en Chile está en 18 por ciento y en Estados Unidos, en 9,5 por ciento. Su incidencia promedio en todos los sectores de la economía es de 17 por ciento, aunque para las Pyme el costo logístico puede llegar a tener una incidencia del 25 por ciento, según explica Diego Travaglino, socio de DTA, consultores en logística y operaciones.

Al aumento de los costos se suman factores externos, como la deficiente infraestructura y la conflictividad social que se traslada a las rutas.

“Una empresa socia que transporta áridos asegura que, hace una década, un camión entregaba en promedio a siete clientes por día; hoy llega a tres clientes por los paros, los piquetes y el congestionamiento de las rutas. Eso significa más costos”, agrega Travaglino.

Pablo Trapani, presidente de la Federación Cordobesa del Transporte Automotor de Cargas (Fecotac), sector que trabaja principalmente con el agro, advierte: “Hablar de bajar los costos es muy lindo; el problema es por dónde empezar a achicar”. Al respecto pone un ejemplo, un camión de 360 HP (caballos de fuerza) en Uruguay vale 45 mil dólares, pero en Argentina cuesta 135 mil dólares.

Por su parte, José Arata, titular de la Cámara Empresaria del Autotransporte de Cargas de Córdoba (Cedac), que reúne al sector que reparte productos, apunta en el mismo sentido: “Hoy, para colocar un camión en la ruta, un transportista debe poner más de dos millones de pesos; y para esto no hay financiamiento”.

A su vez, el directivo agrega que cada actividad transportista está gravada con impuestos: “La carga impositiva representa 39,7 por ciento del transporte”.

De hecho, la Cedac presentará a fines de octubre su propio estudio sobre los costos ocultos del transporte de carga, preocupada porque el sector productivo apunta a los camioneros a la hora de querer mejorar la productividad, pese a lo cual no hay demasiados márgenes para achicar costos.

Sin precisiones


En el mercado estiman que habría 40 mil camiones en actividad en la provincia (Córdoba). Se calculan entre 14 mil y 15 mil unidades dedicadas a la carga de granos y productos rurales. Otros ocho mil a nueve mil camiones están dedicados a manufacturas de la industria y el comercio.

http://www.lavoz.com.ar/negocios/cuanto-pesa-la-logistica-en-el-elevado-costo-argentino

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El transporte de carga por ferrocarril en América del Sur

10/12/2014.

Sergio Rojas es el presidente del Consulting Ferroviario.

Para poder dar una descripción exacta del transporte ferroviario de carga en América del Sur y más precisamente en los países que tienen integración física por este medio, es válido conocer brevemente un poco la historia de lo ocurrido en los últimos 20 años en materia ferroviaria en la región.

Los países que están integrados entre sí mediante una vinculación ferroviaria son, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay.

Todos estos países han tenido épocas donde el ferrocarril fue el eje fundamental del crecimiento y de la interconexión no sólo dentro de cada territorio, sino que además era el vínculo natural de conexión con sus países limítrofes.

Dicha importancia se mantuvo como política de Estado hasta mediados de los años 80, cuando a paso lento y con la injerencia de los organismos de crédito internacional, la receta neoliberal expuesta y exigida para la región fue la reducción del gasto público. Esta cuestión llevó a que todos los países de América del Sur y también el resto de América Latina llevaran al ferrocarril a un estado total de abandono y de desinversión. Argentina (acaso el “conejito de indias”) fue el primero en concesionar su sistema ferroviario tanto de mercancías como de pasajeros al sector privado.

Luego le siguió Brasil, Chile y Bolivia; no siendo el caso de Uruguay y Paraguay que optaron por mantener dentro de la órbita estatal la gestión ferroviaria, pero recortando abruptamente la erogación de dinero hacia ese sector.

A mediados de los 90, el sistema ferroviario de mercancías en cada país estaba comenzado a organizarse, con la salvedad del Paraguay que de a poco iba reduciendo cada vez más el funcionamiento de su ferrocarril.

Ya sobre el comienzo del siglo XXI nos encontramos con un ferrocarril administrado en su mayoría por empresas privadas, las cuales lograron encausar y conocer el negocio, aunque sólo para satisfacer las necesidades internas de cada país y no como solución para la integración ferroviaria de mercancías con los limítrofes.

En este tiempo, Argentina, Brasil y Chile lograron a través de las empresas ferroviarias de cargas ocupar porcentajes importantes de cargas del total de las mercaderías que se trasladan en cada país. Así, Argentina capta el 12 %, Brasil el 22 % y Chile el 7 % del total de todas las mercancías que se mueven internamente entre los distintos modos de transporte.

En la actualidad Brasil tiene el mejor y mayor desarrollo ferroviario para el transporte de mercancías, no sólo optimizando y mejorando las redes actuales sino además construyendo nuevas líneas una de las cuales tiene como objetivo poder integrar por ferrocarril a Perú.

En tanto, Argentina está llevando adelante la recuperación de las líneas de cargas en manos de la empresa estatal Trenes Argentinos (FFCC Belgrano, FFCC San Martin y FFCC Urquiza) a través de la renovación de infraestructura y la incorporación de material rodante nuevo o reparado a cero. Entre ellos el ferrocarril que está recibiendo mayores aportes es el F.C. Belgrano Cargas, línea estratégica que atraviesa 13 provincias y tiene la posibilidad de interconexión ferroviaria con Chile y Bolivia.

Por otra parte, se están llevando a cabo las pruebas operativas para el servicio de pasajeros internacional Posadas – Encarnación, siendo el primer paso para la recuperación de transporte de carga entre nuestro país y Paraguay.

Analizando el futuro del ferrocarril en la región, el mismo es sumamente alentador si tomamos en cuenta que las distancias a recorrer en cada país son grandes y las políticas que se desarrollan en cada país referido a la protección del medio ambiente, hacen necesario una mayor participación del ferrocarril. Otro factor muy importante es el crecimiento de las exportaciones de comodities y productos terminados hacia Europa y el mercado asiático, lo que hace que sea necesaria una interconexión ferroviaria entre los países de América del Sur, ya que de esta manera quedarían totalmente integrados los puertos del pacifico con los del Atlántico.

No es absurdo pensar un futuro en donde circulen libremente entre los distintos países formaciones ferroviarias como sucede hoy en la comunidad europea. Prueba de ello son los proyectos para el ramal ferroviario que une Brasil con Argentina a través de Uruguayana (Brasil) y Paso de los Libres (Argentina), el cual prevee la adecuación del ramal desde esta última hasta Corrientes, y la construcción de un puente para unir dicho ramal a la red del ferrocarril Belgrano Cargas, el cual se conecta con Chile a través del ramal C14 a través de la estación de frontera Socompa (ramal conocido mundialmente por el recorrido del Tren a las Nubes) y desde ahí llegar al puerto de Antofagasta.

Además hay que sumar el proyecto de construcción de un túnel de baja altura entre Chile y Argentina, ramal denominado Transandino Central, logrando de esta manera la conexión directa entre el puerto de Valparaíso con los puertos de agua profunda de Argentina.

Con lo expresado anteriormente y con la infraestructura existente de conexión ferroviaria entre Uruguay (Salto) y Argentina (Concordia); Bolivia (Villazón) y Argentina (La Quiaca); Bolivia (Yacuiba) y Argentina (Pocitos); Paraguay (Encarnación) y Argentina (Posadas); Bolivia (Puerto Quijarro) y Brasil (Corumbá); Bolivia y Chile (Ferrocarril de Arica a La Paz y Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia); y Chile (Socompa) y Argentina (Salta); es posible lograr esta integración.

El desafío es cómo llevarlo adelante. La única forma es a través del poder político y que el mismo implemente proyectos que están previstos en los fundamentos de la creación del Mercosur en donde se prevee la integración de los tráficos tanto de pasajeros y mercancías de los países integrantes. Además hay que tener en cuenta la UNASUR, que dentro de los fundamentos tiene prevista esta integración.

Las herramientas están, la infraestructura en parte existe. Resta la decisión para implementarlo.

Es clave para el desarrollo económico de la región, y que a su vez se logren reducción en los costes de fletes y traslados. Es importante potenciar el ferrocarril y que el mismo sea la herramienta de integración y conexión entre los países.
Por Sergio Rojas

http://www.letrap.com.ar/blog/2014/12/10/el-transporte-de-carga-por-ferrocarril-en-america-del-sur/

martes, 21 de mayo de 2013

15 países que mueven más de 100 millones toneladas

21/02/2012

Por Redacción LAVOZ

China, EE.UU. y Rusia ocupan el podio de países que más carga movilizan por tren. Argentina, lejos de los primeros puestos.

Con 3.643 millones de toneladas transportadas en 2010, China es el país que más carga moviliza por tren. Con una extensión de vías que alcanzan a 91 mil kilómetros, el Ministerio de Ferrocarriles chino administra un plantel de 18.922 locomotoras y 603 mil vagones. Para este año, y según el plan de inversión del Gobierno chino, está previsto extender la longitud de las líneas hasta ocupar una longitud de 110 mil kilómetros. Por día se movilizan en China alrededor de 38 mil trenes, incluyendo 3.500 con pasajeros, según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario.

Estados Unidos ocupa el segundo lugar entre los países que más transportan cargas por ferrocarril. En 2007 su volumen llegó a 1.820 toneladas; en tercer lugar está la Federación Rusia, con 1.109 millones de toneladas.

Según datos de la bolsa rosarina hay 15 países que transportan más de 100 millones de toneladas por año a través de sus trenes. Al podio que integran China, Estados Unidos y Rusia, se le suman India (833 millones de toneladas); Brasil (460); Ucrania (433); Alemania (415); Canadá (289); Australia (261); Kazakhstan (248); Sudáfrica (176), Bielorrusia (134); Polonia (128); Austria (110) y Reino Unido (104).

http://www.lavoz.com.ar/noticias/negocios/15-paises-que-mueven-mas-100-millones-toneladas