jueves, 28 de noviembre de 2019

Ferrocarriles: herencia y pendientes para el próximo gobierno

28 de noviembre de 2019.

El nuevo Gobierno que asumirá el 10 de diciembre recibirá en Ferrocarriles una compleja situación institucional, una herencia envenenada con las concesiones, y una colección de obras en marcha, inconclusas (como el viaducto San Martín), paralizadas (como el soterramiento del Sarmiento) o listas para arrancar, como la electrificación del San Martín o el viaducto del Belgrano Sur a Constitución. Los ramales clausurados, la situación de la larga distancia, el material rodante y el open access, entre los pendientes.



El gobierno que asumirá el próximo 10 de diciembre heredará de la actual gestión un complejo panorama en el ámbito del transporte ferroviario.

Por un lado, recibirá algunas obras en marcha, otras semiparalizadas y otras tantas frenadas de facto. Heredará licitaciones con final abierto que deberán ser necesariamente redefinidas, una docena de ramales de pasajeros clausurados o suspendidos por tiempo indeterminado y un entramado institucional que –si ya era complejo años atrás– fue empeorado aún más por la gestión saliente.

Lo que, sin embargo, no deja la actual gestión son lineamientos a futuro: más allá del puñado de obras en marcha –la abrumadora mayoría de ellas, continuidad de los tiempos de Florencio Randazzo–, Dietrich no deja ninguna visión integral que sustituya al “Plan Quinquenal” que recibió de manos de su antecesor en 2015, y que fue rápidamente desechado sin mayor trámite. Aquí, un repaso por los principales pendientes para el próximo gobierno.

Las obras de infraestructura: entre lo urgente y el mediano plazo

El gobierno saliente deja obras de infraestructura ferroviaria iniciadas (algunas inconclusas) y otras tantas licitadas pero sin resolución aún.

El caso más urgente y apremiante es el del viaducto de la línea San Martín: tras la rescisión del contrato del consorcio constructor, quedaron sin terminar la obra del tendido de vías –lo que ya ocasionó problemas de dilatación de rieles en las calurosas jornadas de días atrás– y las estaciones Villa Crespo y La Paternal, que permanecen cerradas.

En este caso se añadió una (evitable) complejidad institucional: a pesar de que el ferrocarril, su infraestructura y hasta su operación están en manos del Estado nacional, la obra se delegó en el Gobierno de la Ciudad, que la ejecuta a través de la empresa Autopistas Urbanas. Es esta entidad la que deberá resolver la terminación del viaducto, que se ejecutará por contratación directa.

También en el San Martín, Dietrich deja pendiente de resolución la licitación para la electrificación de la línea, que iba a comenzar una vez terminado el viaducto. En este caso, el proyecto cuenta con financiamiento parcial (400 millones de dólares de los 520 que cuesta la obra) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo titular se reunió semanas atrás con el presidente electo.

Otra licitación que será parte de la herencia es la segunda etapa del viaducto Belgrano Sur, entre la recientemente inaugurada estación Sáenz y Plaza Constitución. Tras idas y vueltas, el Gobierno finalmente licitó el proyecto, que data de la gestión Randazzo, y se abrieron los sobres de 15 consorcios que competirán para construir la obra, que está a la espera de su adjudicación.

En la línea Roca, terminada la electrificación de los ramales a La Plata y la vía Circuito (iniciadas por la gestión anterior), el Gobierno le cerró la puerta a completar la electrificación del ramal Bosques-Villa Elisa. Se trata de una obra marginal en costo (tiene instaladas hasta las columnas para las catenarias desde los años 80 y no requiere de nuevas subestaciones), pero de gran impacto para la red ferroviaria que debería ser considerada por la próxima gestión.

Pero, sin dudas, el mayor “elefante blanco” que deja el gobierno de Macri en términos de infraestructura ferroviaria es el soterramiento de la línea Sarmiento. Obra sin consenso técnico ni financiamiento asegurado, hoy no es más que un túnel de ningún lado a ninguna parte entre Haedo y Villa Luro, cuya construcción está frenada desde el verano pasado.

Para reactivar la obra, cuya existencia parece haber sido olvidada hasta por el propio Dietrich (que recientemente dijo que no sabía en qué había quedado), el gobierno porteño impulsa la construcción de un viaducto de Caballito a Villa Luro, solución cuya viabilidad técnica ha sido puesta en duda. Además, la Ciudad no tiene injerencia alguna en el proyecto, que es íntegramente responsabilidad del Estado nacional. La caótica situación generada con el viaducto San Martín torna desaconsejable este tipo de “colaboraciones” de imprevisibles consecuencias.

Material rodante: entre lo necesario y lo posible

El Gobierno actual recibió hace cuatro años una situación envidiable en términos del material rodante de las líneas metropolitanas: habían sido renovadas íntegramente las flotas de las líneas San Martín, Sarmiento y Mitre y estaban en proceso las renovaciones de las formaciones de las líneas Belgrano Sur y Roca, un total aproximado de casi 1200 coches si se cuentan las formaciones CNR de larga distancia.

La actual gestión sólo concretó una compra de 200 coches adicionales para la línea Roca, de manera que se puedan retirar de servicio los veteranos Toshiba que datan de la electrificación de los años 80. Pese a que esa adquisición fue acordada hace casi dos años y tiene financiamiento asegurado desde hace un año, ninguno de esos coches ha llegado aún al país y ni siquiera se tiene certeza de que se hayan comenzado a construir. Será tarea pendiente para la próxima gestión la activación de ese pedido, de gran importancia para mejorar el confort y la frecuencia de la línea Roca.

La otra compra de material rodante lanzada por el gobierno no llegó a buen puerto: inicialmente, cuando el proyecto de la RER parecía un hecho consumado, se licitó la compra de 169 trenes eléctricos, que servirían a todo el sistema. Luego, ante el empeoramiento de la situación económica y la inviabilidad de encarar siquiera las etapas más básicas de la RER, la compra fue reducida a 70 trenes, que servirían al San Martín electrificado y al Sarmiento soterrado.

Coincidentemente con el estado de ambos proyectos, la compra parece estancada y a un año de la apertura de sobres no se ha adjudicado. Así las cosas, todo indica que el proceso se caería. En tal caso, podría estudiarse alguna alternativa (una licitación más acotada o incluso una compra directa con China, como se hizo con el resto de las líneas) que permita comprar trenes nuevos para el San Martín, cuya electrificación es juzgada como prioritaria.

Dos ramales de la red metropolitana, sin embargo, quedaron marginados del proceso de renovación: las líneas Urquiza y Belgrano Norte, que aún permanecen operadas por privados y al menos lo harán hasta marzo del año que viene, cuando venzan las prórrogas otorgadas por el Gobierno de Macri. Su futuro depende del proceso de licitaciones lanzado por la gestión saliente, en el que fue incluido que los privados que resulten como operadores deben aportar material rodante cero kilómetro, algo que despertó gran resistencia entre los empresarios, que ven inviable recuperar esa inversión, y que representa un inédito retroceso al modelo privatista que fue impuesto en los ferrocarriles durante los años 90 (ver más abajo).

Los ramales clausurados y suspendidos

La gestión actual también deja una docena de ramales ferroviarios de pasajeros clausurados o suspendidos “hasta nuevo aviso”, dos de ellos en el Área Metropolitana: el Puente Alsina – Aldo Bonzi del Belgrano Sur y el Haedo – Temperley de la línea Roca, este último de gran importancia estratégica.

El caso del Alsina-Bonzi ha puesto de relieve no sólo cómo la descoordinación entre las distintas empresas ferroviarias es un riesgo para la preservación del ferrocarril, sino también cómo las autoridades del gobierno saliente prefirieron ceder sus terrenos a un municipio políticamente afín antes de hacer primar el interés ferroviario. La misma política que en otros municipios del conurbano truncó para siempre la posibilidad de reutilizar los terrenos del ex Ferrocarril Provincial.

En el resto del país, los servicios ferroviarios fueron víctimas de una “clausura por goteo”, cuyos motivos nunca quedaron claros. Así dejaron de prestarse trenes de pasajeros en Entre Ríos, Chaco, La Pampa y la provincia de Buenos Aires.

En este último caso, una medida acertada y correcta desde lo formal (la transferencia de Ferrobaires al Estado nacional, que estaba pendiente desde 2007) fue utilizada como excusa perfecta para cortar de un hachazo y sin explicación alguna los trenes de pasajeros a Tandil, Sierra de la Ventana, Pinamar, 25 de Mayo, Saladillo y otras ciudades a las que Ferrobaires atendió hasta su último día de operación.

Larga distancia: estancamiento

El Plan Quinquenal que Dietrich recibió de manos de su antecesor cuatro años atrás contemplaba una formidable expansión de los servicios de larga distancia y sustanciales mejoras en las frecuencias y los tiempos de viaje de los existentes.

Lejos de ello, y amén de los servicios suspendidos, hoy los trenes de larga distancia tardan más que hace cuatro años y, a pesar del archipromocionado agregado de paradas intermedias, transportan menos pasajeros, tal el caso de los servicios a Córdoba y Tucumán.

Los únicos que han registrado incremento de pasajeros, a fuerza de la crisis y de pasajes baratos, son los servicios a Mar del Plata y Rosario, que siguen estando lejos de ofrecer tiempos de viaje y diversidad de frecuencias que los hagan competitivos frente a otras alternativas de movilidad.

Ambos, cabe recordar, discurren sobre infraestructura de vías renovada por el Estado pero que no puede ser explotada plenamente debido a los cortocircuitos con las operadoras de carga, que mantienen la concesión integral del ramal (caso NCA con la vía a Rosario) e imponen limitaciones de velocidad y de uso a los trenes de pasajeros. Sus contratos no fueron nunca adecuados a la normativa vigente, que obliga a devolver al Estado la gestión integral de la infraestructura de vías y el control de circulación de trenes.

Ferrocarriles Argentinos y las concesiones: una herencia envenenada

La ley 27.132, aprobada en 2015 con amplio consenso político, disponía la creación de Ferrocarriles Argentinos como una compañía que agrupara bajo un mismo paraguas a las diversas empresas estatales del sector ferroviario. La ley fue letra muerta durante el macrismo: Ferrocarriles Argentinos quedó como cáscara vacía (sintomáticamente, hasta su nombre fue borrado) y cada empresa del sector siguió atendiendo su juego, en ocasiones pisándose competencias entre sí y a veces con prácticas abiertamente contrarias a la letra de la ley.

Poco hizo el Gobierno al respecto: en 2018 el ministro Dietrich reglamentó la norma en un sentido bastante opuesto al propio articulado, abriendo la puerta a la continuidad de las concesiones integrales de las empresas cargueras, efectivamente bloqueando la aplicación del acceso abierto (open access) a la red ferroviaria previsto en la misma ley y sosteniendo su balcanización. El presidente electo comprometió, meses atrás, su apoyo al acceso abierto que prevé la ley, por lo que caben esperarse acciones en este sentido.

En el mismo tren de sostener las concesiones integrales, el Gobierno saliente lanzó a mediados de este año una licitación para garantizar la continuidad de las líneas Urquiza y Belgrano Norte en manos de operadores privados, medida no sólo contraria a la ley (ya que esta modalidad no está prevista en la normativa vigente), sino también carente de todo sentido, especialmente cuando el resto de la red ferroviaria metropolitana es administrada por el Estado con razonable éxito. Al margen de esto, las potenciales oferentes ya dejaron trascender su desinterés por la propuesta, al menos en los términos que planteó la actual administración.

La falta de presencia de una empresa ferroviaria estatal que articule a los distintos actores del sistema y establezca pautas claras, sumado al abandono del citado Plan Quinquenal –que, con sus falencias, es lo más parecido a una planificación integral de que se tenga memoria en las últimas décadas– ha dado lugar a que no exista una clara sistematización de intervenciones ni un orden de prioridad para las obras, algunas ejecutadas por ADIF, otras por SOFSE, otras por Belgrano Cargas y otras por secretarías y unidades ejecutoras sin conexión con las empresas estatales del sector, cuando no por empresas dependientes de gobiernos locales, como es el caso de los viaductos en la Ciudad de Buenos Aires.

En ese caótico panorama no han faltado proyectos faraónicos como la RER –que incluían propuestas delirantes como la reconversión a catenaria del Ferrocarril Mitre, cuyo tercer riel acaba de ser renovado–, de gran publicidad hasta que la realidad se encargó de hacerlos naufragar y desaparecer del debate público. Entre tanto, proyectos como la RER obstaculizaron o desmerecieron otros más modestos y posibles para recuperar servicios ferroviarios competitivos y consolidar los trenes del área metropolitana.

A diferencia de lo que ocurría hasta hace algunos años atrás, la “cabeza” del sistema ferroviario ya existe y no es necesario crear ninguna nueva institucionalidad. Sólo se necesita dotar a Ferrocarriles Argentinos de las capacidades necesarias y hacerla funcionar verdaderamente como la articuladora y coordinadora del sistema ferroviario nacional. Eso supone una compleja serie de medidas que van desde lo simbólico –recuperar a la empresa del ostracismo– hasta los aspectos más complejos de implementar de la ley de 2015, como la gestión estatal única de la infraestructura que permita tanto el verdadero open access como la prestación de servicios de pasajeros de media y larga distancia competitivos. Una tarea cuya suerte, sin dudas, determinará el balance de los próximos cuatro años.

https://enelsubte.com/noticias/ferrocarriles-herencia-y-pendientes-para-el-proximo-gobierno/?fbclid=IwAR1wAkccsvs8-IFpioS9zMZGtFR6RKgDY8URSl4myZyXWvNk7ky-5_uLRN0

domingo, 3 de noviembre de 2019

El balance ferroviario de Cambiemos: marketing puro

domingo, 3 de noviembre de 2019.

Por: Verónica Ocvirk.

Hoy los trenes transportan menos pasajeros porque hay menos gente que se traslada por efecto de la crisis.

La mayoría de los servicios interurbanos que se suspendieron por alguna razón se terminaron suspendiendo en forma indeterminada.

La mayoría de las obras de la gestión Cambiemos ya estaba en ejecución, planificada o comprometida con créditos externos: viaductos, renovación de rieles y la electrificación del tramo a La Plata del Roca. Expertos consultados por Cash concluyeron que no se ha constatado una mejora de los tiempos de viaje en ninguna de las líneas en las que se construyeron viaductos. Coinciden también en que el tren soterrado es una obra cara. La gestión Macri rechazó la planificación como concepto.

¿Qué pasó en estos cuatro años en materia ferroviaria? Hablamos de uno de los contadísimos rubros donde el gobierno de Mauricio Macri (calificado hace poco como el peor de la historia democrática argentina según una encuesta de la consultora Celag) tendría algo interesante para mostrar, arrancando por los viaductos elevados que sobre las trazas del Mitre, el San Martín y el Belgrano Sur fulguran en cuanto spot oficialista circula por tele y redes. Pero la política ferroviaria es más que tres puentes.

Tanto por cuestiones de gestión como de análisis el sistema de ferrocarriles suele partirse en tres subsistemas: uno es el de los servicios metropolitanos, las siete líneas que desde Buenos Aires y hacia el conurbano recorren distancias de unos 70 kilómetros. Luego están los trenes de cargas, donde coexisten tres operadores privados con la estatal Belgrano Cargas y Logística. Y por último los ferrocarriles interurbanos, que subsisten en un grado mínimo y salvo excepciones son operados por el Estado.

Los expertos consultados coinciden en que si hay una palabra para juzgar lo encarado por la cartera de Guillermo Dietrich en el terreno ferroviario es “continuidad”. Continuidad con la renovación comandada por Florencio Randazzo, quien después de la tragedia de Once se le animó al fierro caliente de los ferrocarriles y desde el entonces flamante Ministerio de Interior y Transporte se dedicó a comprar material rodante, reparar vías y mejorar los sistemas de señalamiento en un proceso que en marzo de 2015 cristalizó en la ley 27.132 de Ferrocarriles Argentinos. A través de esa norma el Estado retomaba la plena administración de la infraestructura ferroviaria, un esquema que en absoluto se ha tocado ni para profundizarlo ni para corregirlo.

Luces y sombras

En plena campaña 2015, el entonces candidato Mauricio Macri lució entre sus propuestas de campaña una megaobra que conectaría las diferentes líneas de ferrocarriles a través de varios kilómetros de túneles, todo lo cual confluiría en una estación central bajo el Obelisco que tendría a su vez conexión con cuatro líneas de subterráneo, la terminal de combis y el sistema Ecobici.

En ese proyecto conocido como RER (“Red de Expresos Regionales”) no se colocó ni un ladrillo, aunque son varios los especialistas que lejos de vilipendiar esa falta de concreción reconocen que dado lo faraónico de la obra, el grado de inversión que requería y la ausencia de un justificativo (porque no hay pruebas de que los viajes de conurbano a conurbano necesiten de semejante infraestructura), el hecho de que no se haya avanzado con la RER “es lo mejor que podría haber pasado”.

“La RER tiene el mismo nivel de delirio místico que tuvo el tren bala”, opina el director de enelSubte.com Martín Machain. “Cuando tenés tres líneas ferroviarias que están íntegramente a diésel además de una enormidad de proyectos que son prioritarios, ¿con ese escenario vas a planificar una RER?”.

Machain observa que por lo demás, la mayoría de las obras que se hicieron durante la gestión Cambiemos ya estaban en ejecución o planificadas o comprometidas con créditos externos, así hablemos de viaductos, renovación de rieles e incluso la electrificación del tramo a La Plata del Roca. “Rescato que se haya continuado con el mejoramiento del señalamiento, rieles, durmientes y subestaciones, también el hecho de que se continuaron obras que podrían no haberse continuado, pero tampoco son originales de este gobierno: la elevación del Belgrano Sur había sido anunciada en 2014 y el proyecto del San Martín tiene más de 40 años”, dice y lamenta que en este último caso no se haya avanzado con la electrificación, pese a contar con un crédito del BID aprobado para eso. “Lo que hay que marcar también -comenta- es que los viaductos le solucionan la vida al auto. Desde el gobierno los venden como una obra ferroviaria y es cierto que minimizan el riesgo de accidentes y dan potencialidad para mejorar las frecuencias, pero la verdad es que hasta el momento no se ha constatado la mejora de los tiempos de viaje en ninguna de las líneas en las que se construyeron viaductos”.

Maxo Velázquez, sociólogo y magister en planificación urbana y regional de la Universidad de Buenos Aires, reconoce aspectos positivos en la solución de los viaductos pero señala críticas desde el diseño. “Estoy con esta idea de que las infraestructuras deben ser verdes y azules. Y no hablo solamente de un tema estético: verde significa plantas, es decir: arquitecturas mandadas por la tierra. Azul que estén de acuerdo con los niveles necesarios de escorrentía, que sean ‘amigables’ con el agua en vez de implicar una barrera”. El especialista apunta acerca del “festival de tercerizadas”, que en el caso del viaducto San Martín terminó con obreros heridos y la rescisión del contrato de la empresa que debía terminar la obra. Sostiene que así como la gestión de Randazzo tuvo que ver con convencer al Estado de que era necesario seguir invirtiendo en el ferrocarril, la administración Dietrich mantuvo esa línea aunque con menos nivel de inversión, “no porque no quisieran -dice-, sino que acá entran a jugar también las restricciones presupuestarias y unos años que en lo económico resultaron horripilantes. Hoy los trenes transportan menos pasajeros porque hay menos gente que se mueve”.

“Al Mitre el viaducto no le cambia la vida, aunque probablemente a los vecinos sí. La obra del San Martín sí era necesaria para programar más trenes, aunque lo que no tienen ahora son coches para aumentar la frecuencia. Y la del Belgrano Sur me parece una obra mal planteada. Porque si finalmente llega a Constitución con todos sus trenes, entonces va a afectar la operatividad del Roca, y si en cambio llega con unas pocas formaciones, entonces no va a terminar de ser la solución correcta para la demanda que puede alcanzar la línea”. Esto lo dice el director de la Fundación Museo Ferroviario Jorge Waddell. El experto añade que si bien no tiene mayores objeciones a los viaductos “si miramos frecuencias y tiempos de viaje, que son los dos ítems que a fin de cuentas importan a la hora de evaluar el servicio, no hubo mejoras en ninguno”.

Resta ver que sucederá con las concesiones del Belgrano Norte y el Urquiza (las únicas concesiones de pasajeros de los ‘90 que quedaron en pie y cuyo proceso de licitación está en marcha en un escenario de gran incertidumbre); y resta -nada menos- que el Sarmiento, el nudo ferrovial más conflictivo que en sus reuniones con vecinos el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta promete remediar, aunque sin brindar detalles sobre cuál será la solución elegida y mucho menos sobre los plazos. También aquí Macri -igual que Cristina Fernández y Randazzo- había augurado que tendríamos el tren soterrado, y también aquí los expertos coinciden en que se trata de una obra cara y mal planificada que por suerte no se llevó a cabo, más allá de que la traza aún sigue exigiendo algún tipo de solución. Por lo pronto se evalúa que el Sarmiento corra elevado de Caballito a Liniers estudiando si puede aprovecharse el túnel hecho de Haedo a Ciudadela, que de otra forma significaría una inversión colosal tirada a la basura. “Sea cual fuere la alternativa -opina Waddell- no estamos hablando de un plazo de menos de diez años”.

Gestión “on demand”

Sobre los ferrocarriles de cargas han venido apareciendo noticias auspiciosas que los especialistas, sin embargo, miran con suspicacia. “Son datos de coyuntura -observa Velázquez-. Si tomamos el ferrocarril Belgrano y lo comparamos con el momento previo a su privatización en el ’91 está llevando un quinto de su carga. Podrá estar transportando más granos pero, ¿eso queremos? ¿un ferrocarril para granos? Si lo que buscamos es un ferrocarril masivo de 80 vagones para llevar granos y piedra de punta a punta estamos bárbaro, no hay que hacer mucho más. Pero va a servir solo para eso, y nunca para dinamizar el desarrollo. Para incluir al servicio de cargas dentro de un engranaje productivo haría falta un tren con un servicio diario, permanente y regular al cual los cargadores puedan ir subiendo sus contenedores. Y para eso sería necesario también que el Belgrano Cargas funcionara como un operador logístico”. Ejemplo de esto -dice- es lo que sucedió con otro proyecto fallido: el del tren de Vaca Muerta. “Se lo proyectó como un transporte masivo de arena y algún que otro insumo y no se integró a otros negocios del Alto Valle como agroindustria, frutas, vinos, supermercadismo y químicos. Pensar solamente en trenes areneros es pobre para lo que significa la inversión. Y ahí es donde se ve claro cómo la gestión Macri es on demand: rechaza la planificación como concepto”.

Último punto: el de los ferrocarriles interurbanos. Para Machain fue un resurgir del “ramal que para, ramal que cierra”, porque la mayoría de los servicios que se suspendieron por alguna razón se terminaron suspendiendo en forma indeterminada. Waddell nota que al igual que lo que sucedió en metropolitanos, se mantuvo el esquema heredado del gobierno anterior sin mayores cambios. “Se terminaron las obras de la vía a Mar del Plata, pero hoy tenemos un solo tren diario a Mar del Plata que encima está tardando un montón. Y se hizo toda nueva la vía a Rosario, pero el viaje sigue durando siete horas y tiene solo un servicio diario. ¿Hiciste una inversión enorme para tener un solo tren por día? Desde el punto de vista de la evaluación de proyecto eso es una locura financiera que no tiene el más mínimo criterio”, reflexiona. Y concluye: “O salís a ganar el mercado con diez servicios diarios o mejor no hacés nada. Lo que pasó es un poco lo mismo de siempre”.

https://www.pagina12.com.ar/228335-el-balance-ferroviario-de-cambiemos-marketing-puro